viernes, 4 de abril de 2025

(7) Publicidad: Calidad de la publicidad

(AZprensa) Cuando se utiliza el verbo “hacer” se suele olvidar algo que siempre debería seguir a continuación, la palabra “bien”. Por eso, no deberíamos hablar nunca de “hacer Publicidad” sino de “hacer bien Publicidad”…
 
7.- Calidad de la publicidad
Hablamos mucho de publicidad, pero esta no puede hacerse de cualquier forma. Si los anuncios tienen calidad (hechos por buenos profesionales con el presupuesto adecuado), esa calidad se transmite al producto anunciado. Por el contrario, si los anuncios son “chapuzas” hechas por un aficionado o una persona sin la necesaria formación, esa imagen de “chapuza” se trasladará al producto, causando el inmediato rechazo en el ánimo del cliente potencial al que impacte ese anuncio.

Está claro que a todos en la empresa les gusta la publicidad de calidad, realizada por buenos profesionales, pero con frecuencia vemos cómo se consiente a los vendedores que acudan a la imprenta local o al conocido de turno, para que les haga un folleto, les grabe una cuña de radio, o les ponga un anuncio en la revistilla local. ¡Y encima presumirán de que esa “publicidad” les ha salido más barata porque no han tenido que pagar a ningún creativo, sino que la propia imprenta o conocido ha hecho las veces de agencia de publicidad y sólo les ha cobrado por el producto final y no por su “creatividad”!
(Continuará…)
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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jueves, 3 de abril de 2025

La lección de Donald Trump: Velocidad vs Burocracia

(AZprensa) En un mundo donde el tiempo es un recurso tan valioso como el capital, la rapidez en la toma de decisiones se ha convertido en un factor determinante para el éxito en los negocios. Las recientes medidas implementadas por Donald Trump, caracterizadas por una celeridad casi vertiginosa, contrastan de manera evidente con la lentitud burocrática que define a la Unión Europea (UE). Este contraste no solo pone en relieve las diferencias entre dos enfoques de liderazgo y gestión, sino que también ofrece una lección crucial para el ámbito empresarial: las decisiones bien meditadas, pero ejecutadas con rapidez, son clave para aprovechar las oportunidades y mantenerse competitivo. La UE, con su maquinaria administrativa pesada y sus procesos interminables, nos está mostrando, casi como un caso de estudio, cómo la burocracia puede convertirse en el enemigo del progreso.
 
Desde su regreso a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump ha puesto en marcha una serie de políticas económicas, como la imposición de aranceles a las exportaciones provenientes de otros países. Estas decisiones, independientemente de sus méritos o consecuencias a largo plazo, destacan por la velocidad con la que se han anunciado y comenzado a implementarse. En cuestión de semanas, Trump ha transformado promesas de campaña en acciones concretas, enviando un mensaje claro: en un entorno global dinámico, la agilidad puede ser una ventaja estratégica decisiva.
 
Por otro lado, la Unión Europea, con sus 27 estados miembros y su necesidad de consenso, se encuentra atrapada en un sistema que prioriza la deliberación exhaustiva sobre la acción inmediata. Cuando Trump anunció sus aranceles, la respuesta de Bruselas fue rápida en un solo sentido: una condena verbal y la promesa de “responder con firmeza”. Sin embargo, los líderes europeos han admitido que cualquier medida de contra ataque que emprendan, requerirá extensas negociaciones entre los estados miembros, un proceso que podría tomar meses o incluso años antes de que se traduzca en políticas efectivas. Esta lentitud no es nueva; es un rasgo inherente a la estructura de la UE, donde las decisiones deben pasar por múltiples filtros burocráticos, desde la Comisión Europea hasta el Consejo y el Parlamento, sin mencionar las consultas con los gobiernos nacionales.
 
En el mundo de los negocios, esta dicotomía tiene implicaciones profundas. Las empresas que triunfan son aquellas capaces de analizar cuidadosamente sus opciones —considerando riesgos, beneficios y datos disponibles— pero que no se paralizan en el proceso. La reflexión es esencial, pero la indecisión es fatal. Una oportunidad de mercado, como un nuevo nicho de clientes o una ventaja competitiva temporal, no espera a que una organización termine de debatir internamente. Si una compañía tarda demasiado en lanzar un producto, ajustar precios o responder a un competidor, el momento pasa y el éxito se esfuma. Trump, con su estilo directo y su disposición a actuar, encarna esta mentalidad, mientras que la UE, con su enfoque pausado, ilustra los peligros de dejar que la burocracia dicte el ritmo.
 
No se trata de abogar por decisiones impulsivas o mal preparadas. La rapidez sin análisis puede llevar al desastre, como lo demuestran numerosos casos de empresas que han fracasado por apresurarse sin una estrategia sólida. El equilibrio está en combinar una evaluación rigurosa con una ejecución ágil. Las organizaciones exitosas establecen procesos que permiten tomar decisiones informadas en plazos cortos: equipos dedicados, datos en tiempo real y una cultura que valora la acción sobre la procrastinación. En contraste, la UE nos muestra cómo un exceso de capas administrativas y la búsqueda constante de consenso pueden diluir la capacidad de respuesta, dejando a sus empresas y ciudadanos en desventaja frente a competidores más rápidos.
 
El caso de los aranceles de Trump es un ejemplo perfecto. Mientras Estados Unidos implementa sus medidas y reconfigura el comercio global a su favor, la UE sigue atrapada en discusiones internas sobre cómo responder. Para cuando las contramedidas europeas entren en vigor, el daño económico ya podría estar hecho, y las empresas estadounidenses podrían haber consolidado su posición. En los negocios, este retraso equivaldría a perder cuota de mercado o permitir que un rival se adelante con una innovación disruptiva. La lección es clara: el tiempo es un activo estratégico, y quien no lo gestione con eficacia quedará rezagado.
 
La burocracia, como la que encarna la UE, no es solo un problema de gobiernos; también afecta a muchas empresas que, en su afán por evitar errores, crean estructuras rígidas y procesos interminables. Sin embargo, el éxito en el siglo XXI pertenece a quienes saben adaptarse al ritmo del cambio. Las decisiones meditadas son imprescindibles, pero la rapidez en su implementación es lo que marca la diferencia entre aprovechar una oportunidad y lamentar su pérdida. Mientras Trump avanza a toda velocidad, la UE nos recuerda que, en un mundo acelerado, la lentitud no es solo ineficiencia: es una receta para el fracaso.


Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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(6) Publicidad: Comunicación vs Regalos

(AZprensa) Analizando lo que se puede hacer y no hacer con el presupuesto de Publicidad, hay que mencionar el tema de los regalos, algo que todas las compañías utilizan y muy pocas saben utilizar provechosamente…
 
6.- Comunicación vs Regalos
Ya hemos comentado cómo en cualquier promoción, hay que destinar mucho más presupuesto a la publicidad, a comunicar la promoción, que a los regalos que esta ofrezca. ¿De qué sirve dar muchos y extraordinarios premios si casi nadie se entera? Se enterarán sólo aquellos clientes más próximos y cercanos a cada vendedor, el cual les irá anunciando personalmente la promoción, pero ¿y los demás?
Lo que se ve en muchas empresas es que el hecho de ofrecer un buen premio o unos buenos regalos en una promoción les parece tan atractivo que se les olvida la importancia de comunicarlo. Lo saben ellos, sí, pero ¿se van a enterar todos los clientes? Y más importante aún: ¿Se van a sentir persuadidos de participar en esa promoción por un simple anuncio o un “viva voz” que les llegue de la misma? Como en cualquier campaña de publicidad se necesita insistencia, un mensaje sugerente que llegue por diversas vías de forma repetida.
Ya hemos visto cómo en muchas empresas donde las promociones son responsabilidad del equipo de Ventas y no del Jefe de Publicidad, la proporción en el reparto de ese presupuesto es de 90% para regalos y 10% para comunicar la promoción; cuando debería ser justo al revés: 10% para regalos y 90% para comunicar la promoción y persuadir a los clientes potenciales para que participen en la misma.
(Continuará…)
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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miércoles, 2 de abril de 2025

Cuando reinaba el humanismo en Medicina

(AZprensa) Hablando de Medicina y del humanismo en Medicina (¡qué poco queda de él en la actualidad!) es oportuno recordar la vida de uno de esos médicos del siglo XIX que dieron ejemplo de lo que debe ser un buen médico. La lectura del libro “Kisses are tears” nos abre la puerta a ese pasado no tan lejano y sin embargo casi olvidado…
 
En primer lugar, Gaspar Fisac ​​Orovio (Daimiel, España, 1859-1937) fue un médico distinguido de su época. Si bien ejerció como médico municipal en un pequeño pueblo de La Mancha antes de trasladarse al Hospital de Ciudad Real, se ganó el reconocimiento y el prestigio profesional no solo por su altruismo y dedicación a sus pacientes —tratándolos siempre con un trato humano y cercano, tan poco común hoy en día—, sino también por sus descubrimientos. A través de sus investigaciones sobre la tuberculosis, desarrolló el primer tratamiento preventivo y curativo registrado para esta enfermedad en España. Su experiencia con numerosas epidemias —cólera, tifus, sarampión, entre otras— le permitió establecer una serie de medidas de higiene y saneamiento para frenar su propagación. La suya, pues, fue una vida que salvó muchas vidas.
 
En segundo lugar, nos centramos en su labor periodística. Empezó colaborando en un periódico fundado por su hermano, del que posteriormente asumió la dirección cuando la salud de este se deterioró. Ese periódico, El Eco de Daimiel, se convirtió en el más vendido de Ciudad Real, y su influencia se extendió a otros rincones de España. Aunque duró poco más de cinco años, publicó 445 números. Desde sus páginas, defendía los ideales de la democracia y la justicia, así como una firme defensa de las profesiones sanitaria y periodística.
 
En tercer lugar, exploramos su faceta como poeta. Aunque nunca publicó un libro —la poesía era para él una afición—, dejó un importante corpus de composiciones que merecen un lugar en la literatura española de finales del siglo XIX y principios del XX. Prueba de ello son los premios que dos de sus obras recibieron en concursos literarios. Esta pasión también lo llevó a escribir, dirigir e incluso actuar en pequeñas obras de teatro.
 

Edición en inglés: “Kisses are tears”:
https://a.co/d/eCok2Y0
Edición en español: “Médico, periodista y poeta”: https://www.amazon.es/dp/1706950551
Disponibles en Amazon en eBook y edición impresa.

(5) Publicidad: Publicidad institucional vs Publicidad de productos

(AZprensa) Mención especial merece analizar aunque sea brevemente esa eterna lucha entre la publicidad de productos y la publicidad corporativa, una lucha en la que tradicionalmente siempre sigue perdiendo, por infravalorada, la publicidad corporativa…
 
5.- Publicidad de productos y publicidad institucional
Las empresas, en general, son muy reacias a hacer publicidad institucional, es decir, anuncios de la propia empresa. Consideran que la publicidad sólo debe hacerse de los productos, que son los que directamente generan beneficios a la compañía, mientras que los anuncios institucionales realmente “no venden nada”… según ellos. Y si bien es cierto que la publicidad de productos es imprescindible para las ganancias de la empresa, no por ello debe despreciarse la publicidad institucional, sobre todo si está bien hecha y en armonía con la publicidad de los productos. La publicidad institucional hace llegar al cliente potencial la imagen de una empresa fuerte, seria, de prestigio, con calidad, formal, de confianza… y esa imagen que volcamos en el logotipo de la empresa al anunciarla, y todos los valores que en ella hemos volcado, se trasladan de inmediato a cada uno de los productos cada vez que ese cliente vea el logotipo de la empresa junto al logotipo, nombre y/o imagen del producto. De esta forma, tanto la publicidad de productos como la publicidad institucional se retroalimentan una a otra, se refuerzan una a otra. Hay que enseñar a los empleados, mandos y directores de la empresa, que al igual que ellos no comprarían un chocolate (por ejemplo) de una marca desconocida si tienen junto a él otro de Nestlé, Lind o cualquier otra firma de prestigio, el posible comprador de nuestros productos se fiará más de los mismos si ve que están fabricados por esa empresa perfectamente reconocible e identificable de la que le ha llegado publicidad en numerosas ocasiones y a través de diversos medios.
Es pues un error muy extendido que las empresas renuncien a la publicidad institucional o que la limiten a algún anuncio suelto (más que nada por compromiso) y/o a la inserción del logotipo en algún libro o espacio publicitario patrocinado. Tan importante es la publicidad de productos como la publicidad institucional (la buena publicidad en ambos casos, se entiende).
(Continuará…)
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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